La Ciudad de Dios

La Ciudad de Dios

¿Cómo serían las cosas, si la palabra se predicase fuera del marco de la religión?

Cuando analizo lo que sucedió en el antiguo pacto con el pueblo judío y como las instrucciones divinas afectaron a toda su cultura me da un aire de esperanza. La bendición, la prosperidad y la calidad de vida de este pueblo era impresionante. Aún en medio de sus crisis, avanzaban y prosperaban por la palabra que Dios les había entregado.

Desde muy joven he podido visualizar de como sería mi pueblo, si la gente comenzara a recibir la palabra del Reino de Dios.

Cuando se comparte la palabra de Dios, las personas comiezan a ser transformadas y comienzan a vivir una mejor calidad de vida. El potencial de cada persona que escucha la palabra de Dios comienza a activarse para ser productivo. Esto permite que pueda tomar buenas decisiones sobre su vida, su economía y toda su familia.

Personas con una excelente calidad de vida, siendo productivo pueden enfocarse en utilizar su dinero sabiamente. Estas personas comenzarían a comprar los negocios de todo el pueblo, y personas de estos negocios comenzarían a entregar sus vidas al Señor. Sería algo impresionante, en vez de la avenida estar llena de barras y pops, estaría llena de negocios enfocados a la familia, con música que adore al Rey de Reyes, con un ambiente sano y las fiestas de pueblo serían para honrar, al que honra se merece.

Entonces veríamos los creyentes de muchos lugares llegar a La Ciudad de Dios para poder ver y disfrutar del ambiente y de la cultura que se ha formado. Todo sería distinto, porque la calidad de vida de los ciudadanos cambiaría a la vida abundante que fue nombrada por Jesús.

Las personas decidirían entregar sus vidas al Señor y otros se mudarían por no soportar que la ciudad se convirtiera en La Ciudad de Dios. Seríamos la luz del mundo, el modelo a seguir. Todos desearían llegar a conocer lo que en nuestra ciudad estaría ocurriendo. Nuestros hijos crecerían en un ambiente de paz, gozo y abundancia. Ellos tendrían la oportunidad de ser empleados por patronos del Reino de Dios que les instruirían a montar sus propios negocios. Sería la bendición de Dios manifestada.

Entonces vendrían de todos los países a conocer como hemos logrado alcanzar tal nivel de bendición para poderlo llevar a su pueblo.

Lo interesante es que cualquiera diría que esto es una utopía o un sueño irreal, una fantasía. Pero, ¿no es esto a lo que se refiere la palabra? ¿Acaso no le dio Dios dominio al hombre y le dijo que se multiplicara y que viviera en abundancia?

Él nos hizo miembros de una sola familia, somos ciudadanos de un reino que no tiene fin, somos sacerdotes reales del Dios altísimo. Nuestras promesas están fundamentadas en un mejor pacto donde todas las promesas son en él sí y en él amén. Todos los secretos de Dios están disponibles para sus hijos, somos su cuerpo, su asamblea, embajadores del Reino de Dios en la tierra. El deseo de Dios es que seamos prósperos en todo. Somos abundantes, bendecidos, un pueblo alegre y gozoso, con una paz que sobrepasa todo entendimiento, llenos de su amor y de su Espíritu Santo.

Estoy seguro que podemos manifestar la vida abundante del Reino de Dios, aquí y ahora. Por eso, creo que podemos llegar a ser La Ciudad de Dios.

¿Qué opinas? ¿Es solo un sueño o puede hacerse realidad?

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Tony López Autor